11.24.2008
Yo nunca fui una de esas mujeres que nacieron para lavar platos, o hacer la cena. Tampoco soy de esas mujeres que mantienen todo en un perfecto orden; no soy precisamente un amante del cosmos pues no puedo sobrevivir sin mi caos. Me gusta el desorden porque sólo en él pueden llevarse a cabo hallazgos sorprendentes. Soy impaciente, difícil, divertida. No nací para que logren conocerme o me entiendan; no nací para abrir mi corazón con facilidad. Tampoco para estar sana; estoy enferma de sentimientos de gran intensidad. Realmente sé sentir, me alimento de las sensaciones que me transmiten las personas que están a mí alrededor, me alimento de su dolor y sacio mi sed con sus lágrimas, porque las mías, a pesar de ser tantas, no alcanzan. Me gusta saborear los distintos mares personales, tragar para mí misma una pequeña gota de ellos. Vivo de mí pasado (mejor dicho, muero por volver a él); hay muchas clases de mujeres: yo pertenezco a esas que no aprenderán nunca a olvidar. Vivo de los recuerdos; mi esencia es negativa y nostálgica. Dependo de los otros, busco admiración. Me gusta escribir, autoconocerme. Soy de esas mujeres desconfiadas, que no duermen por las noches a pesar de estar cansadas, porque suben al tejado a fumar dos atados observando las estrellas.Todas las personas que pasan por mí vida terminan llevándose una gran parte de mí; no conozco la causa, sólo sé que eso me desgarra, porque cuando escribí parte quise decir algo de mí, obviamente, pero algo físico y al mismos tiempo espiritual. Muchas veces extraño a esas personas y llora aquella parte de mí que les permití robarme. Soy una mujer que ha sufrido, pero no es fuerte. Soy valiente, que es distinto. A veces me reduzco a mi misma a un caos de letras, gritos, sueños y poesías. Creo que soy algo más, tiene que haber algo más. Me gusta cerrar los ojos y dejarme llevar; me gusta saberme al límite, traspasar el límite. Me gusta mucho ver el atardecer. Soy asi, mujer.
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